Qué es Progresistas
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Por estos días de “congresos ideológicos” y definiciones doctrinarias de varias colectividades políticas que hacen presencia en la variopinta política nacional (algunos con reconocimiento y otros a punta de presencia movilizadora o gubernamental), un amigo con nombre de Nobel de literatura e imagen de perro en la fotografía del BBM, me solicita una reflexión sobre lo que para mi entender es y debe ser la organización de ese esfuerzo ciudadano que llevó a la alcaldía de Bogotá a Gustavo Petro y que, desde ese día, hace intentos por organizarse como fuerza política nacional.

Lo primero, para principiar mi opinión, debo resaltar una enorme característica en el universo de lo puramente cromático: todas las colectividades existentes hasta la fecha, en general, están pintadas de monocolor, incluido el amarillo, colectividad originaria del propio alcalde y de varios activistas que acompañan el esfuerzo, mientras que el Progresismo es variopinto, más parecido al símbolo del “navegador” en la virtualidad o al multicolor que acompañó los coloridos paraguas durante la campaña (aunque desde varias orillas con burlas homofóbicas lo tildaron del símbolo gay) . El Progresismo al cual me refiero, entonces, es símbolo de PLURALIDAD, de distintas perspectivas y miradas, no como alguno pretenden, la reedición o reencauche una monocolor mirada desde la “zurda”. Por ahí, sin duda, no es la cosa.

Para seguir, insisto, en una particular mirada de la experiencia exitosa que vivimos en Bogotá, Progresista es también un método de acción en política. Consecuentes con la premisa de que es la gente el centro de acción y protagonista del Progresismo, el método no puede ser la vieja manía de la izquierda y de la derecha de estar organizando estancos de poderes facticos (congresos, direcciones, coordinadoras, etc.) que terminan reemplazando el contacto directo con la ciudadanía y desplazando la lucha política y la disputa del escenario de la opinión por el control de facciones de la nomenclatura, al estilo de la disputa de la vieja izquierda colombiana. Salir diariamente a contactar al ciudadano y expresarle mirándolo a los ojos lo que pensamos y lo que somos, sin duda, es el método de acción que diferencia al PROGRESISMO (con mayúscula sostenida) al cual me refiero. Insistir en coordinadoras, congresos y demás imposturas, es pretender revivir prácticas añejas y escleróticas que, repito, hacen del control del aparato el fin de la colectividad.

Progresista, de igual manera, en la metodología del contacto con la ciudadanía, es esencial la definición de presentar a sus aspirantes y listas para ocupar cargos de representación popular apelando al recurso del apoyo ciudadano. Aunque parezca más difícil. Es el camino de coherencia de apoyo popular y no el burocrático y a veces corrompido camino de los avales. Aquí, por supuesto, otra señal de profunda diferencia con otras viejas y recién añejas colectividades.

Izquierdas o derechas, en la vida política de Colombia, resultan ser en muchos casos señalamientos carentes de diferencias de fondo y coincidentes tanto de un lado como del otro, de proyectos profundamente autoritarios y antidemocráticos y, como lo hemos visto, algunos ligados a la violencia armada, a las prácticas corruptas y a las mafias. Por ello, PROGRESISMO supera los hitos polarizantes, coherente con su dimensión multicolor, y se erige como proyecto aferrado al sentido de la decencia y de defensa de lo público como la mejor definición de la prevalencia del interés general sobre los particulares. Allí, otra diferencia de fondo con aquellos y aquellas que en el ejercicio de lo público hacen y actúan en contravía del interés general. Recordar los carruseles y la captura de lo público por las mafias de la corrupción, de reciente y cercana experiencia de varios conocidos.

Progresista, es un modelo de sociedad y de organización territorial del Estado. El fin último de nuestra acción política es la gente y, dentro de la gente, los más vulnerables y necesitados, armónico con la definición de asumir en toda la dimensión la significación de Estado social de derecho y de las esencias de la Constitución de 1991. Gobernanza del agua es organizar territorialmente el Estado alrededor del agua y asumir en todo su dimensión el concepto de BIOPOLITICA, es decir, la política para la prevalencia de la vida. Por supuesto, ello impone superar la cantaleta “de lo social” y ponernos en la función “politécnica” de la aplicación del modelo de sociedad en el territorio, llámese barrio, manzana, localidad, municipio, Distrito, Departamento, Región, Territorio Indígena, Afro, etc. El ejercicio, ligado a la gente, recuerdo, que lo denominamos “georeferenciación”.

Entonces, preocupante que se esté intentando organizar Progresista a la vieja usanza polista y, lo más grave, casi dejando de lado los significativos aportes logrados en la campaña del alcalde Petro. Es como si se pretendiera organizar progresismo sin petrismo. Muy preocupante. Digo acá, a mano alzada.

Hector Pineda

*Constituyente de 1991

Por estos días de “congresos ideológicos” y definiciones doctrinarias de varias colectividades políticas que hacen presencia en la variopinta política nacional (algunos con reconocimiento y otros a punta de presencia movilizadora o gubernamental), un amigo con nombre de Nobel de literatura e imagen de perro en la fotografía del BBM, me solicita una reflexión sobre lo que para mi entender es y debe ser la organización de ese esfuerzo ciudadano que llevó a la alcaldía de Bogotá a Gustavo Petro y que, desde ese día, hace intentos por organizarse como fuerza política nacional.

Lo primero, para principiar mi opinión, debo resaltar una enorme característica en el universo de lo puramente cromático: todas las colectividades existentes hasta la fecha, en general, están pintadas de monocolor, incluido el amarillo, colectividad originaria del propio alcalde y de varios activistas que acompañan el esfuerzo, mientras que el Progresismo es variopinto, más parecido al símbolo del “navegador” en la virtualidad o al multicolor que acompañó los coloridos paraguas durante la campaña (aunque desde varias orillas con burlas homofóbicas lo tildaron del símbolo gay) . El Progresismo al cual me refiero, entonces, es símbolo de PLURALIDAD, de distintas perspectivas y miradas, no como alguno pretenden, la reedición o reencauche una monocolor mirada desde la “zurda”. Por ahí, sin duda, no es la cosa.

Para seguir, insisto, en una particular mirada de la experiencia exitosa que vivimos en Bogotá, Progresista es también un método de acción en política. Consecuentes con la premisa de que es la gente el centro de acción y protagonista del Progresismo, el método no puede ser la vieja manía de la izquierda y de la derecha de estar organizando estancos de poderes facticos (congresos, direcciones, coordinadoras, etc.) que terminan reemplazando el contacto directo con la ciudadanía y desplazando la lucha política y la disputa del escenario de la opinión por el control de facciones de la nomenclatura, al estilo de la disputa de la vieja izquierda colombiana. Salir diariamente a contactar al ciudadano y expresarle mirándolo a los ojos lo que pensamos y lo que somos, sin duda, es el método de acción que diferencia al PROGRESISMO (con mayúscula sostenida) al cual me refiero. Insistir en coordinadoras, congresos y demás imposturas, es pretender revivir prácticas añejas y escleróticas que, repito, hacen del control del aparato el fin de la colectividad.

Progresista, de igual manera, en la metodología del contacto con la ciudadanía, es esencial la definición de presentar a sus aspirantes y listas para ocupar cargos de representación popular apelando al recurso del apoyo ciudadano. Aunque parezca más difícil. Es el camino de coherencia de apoyo popular y no el burocrático y a veces corrompido camino de los avales. Aquí, por supuesto, otra señal de profunda diferencia con otras viejas y recién añejas colectividades.

Izquierdas o derechas, en la vida política de Colombia, resultan ser en muchos casos señalamientos carentes de diferencias de fondo y coincidentes tanto de un lado como del otro, de proyectos profundamente autoritarios y antidemocráticos y, como lo hemos visto, algunos ligados a la violencia armada, a las prácticas corruptas y a las mafias. Por ello, PROGRESISMO supera los hitos polarizantes, coherente con su dimensión multicolor, y se erige como proyecto aferrado al sentido de la decencia y de defensa de lo público como la mejor definición de la prevalencia del interés general sobre los particulares. Allí, otra diferencia de fondo con aquellos y aquellas que en el ejercicio de lo público hacen y actúan en contravía del interés general. Recordar los carruseles y la captura de lo público por las mafias de la corrupción, de reciente y cercana experiencia de varios conocidos.

Progresista, es un modelo de sociedad y de organización territorial del Estado. El fin último de nuestra acción política es la gente y, dentro de la gente, los más vulnerables y necesitados, armónico con la definición de asumir en toda la dimensión la significación de Estado social de derecho y de las esencias de la Constitución de 1991. Gobernanza del agua es organizar territorialmente el Estado alrededor del agua y asumir en todo su dimensión el concepto de BIOPOLITICA, es decir, la política para la prevalencia de la vida. Por supuesto, ello impone superar la cantaleta “de lo social” y ponernos en la función “politécnica” de la aplicación del modelo de sociedad en el territorio, llámese barrio, manzana, localidad, municipio, Distrito, Departamento, Región, Territorio Indígena, Afro, etc. El ejercicio, ligado a la gente, recuerdo, que lo denominamos “georeferenciación”.

Entonces, preocupante que se esté intentando organizar Progresista a la vieja usanza polista y, lo más grave, casi dejando de lado los significativos aportes logrados en la campaña del alcalde Petro. Es como si se pretendiera organizar progresismo sin petrismo. Muy preocupante. Digo acá, a mano alzada.

*Constituyente de 1991

 
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